la butaca y el reloj

Llevo varios días sin fumar hachís y la realidad empieza a mostrar unos tonos muy raros. Los muebles de mi casa, que habitualmente carecen de relieve, han cobrado un grado de corporeidad algo inquietante. Quiero decir que me relaciono con ellos y con el resto del hogar como si fuera una persona ajena a estos espacios. Antes, para alcanzar esta extrañeza, necesitaba el hachís, pero desde que he prescindido de él algo ha ido modificándose gradualmente en mi interior. Contemplo el salón y sólo reconozco como míos dos objetos: la butaca y el reloj.

p.132 de La soledad era esto, de Juan José Millas

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